“No va a volver.”
Un escalofrío intenso se extendió por todo su cuerpo, haciendo que, sin darse cuenta, abrazara con más fuerza a sus hijos.
—¿Cómo que no va a volver? —preguntó, con la voz cargada de pánico.
La mujer respiró hondo, eligiendo cuidadosamente sus palabras antes de volver a hablar.
“Se ha ido, pero no de la forma en que lo estás pensando ahora mismo.”
—Deja de hablar así y explícate con claridad —espetó, perdiendo la paciencia por el miedo y el agotamiento.
La mujer asintió una vez, luego metió la mano en su bolso y sacó una carpeta gruesa llena de documentos.
Parecía pesada, seria y definitiva, de una manera que le revolvió el estómago.
—Primero, debes entender algo importante —dijo la mujer en voz baja—. Nunca tuve nada que ver con él, como tú crees.
Sus palabras parecieron congelar el aire a su alrededor al instante.
—¿De qué estás hablando? —preguntó, con la voz temblorosa de incredulidad.
—Nunca fui su amante —dijo la mujer con firmeza.
Un silencio denso y sofocante inundó la habitación, mientras los niños miraban alternativamente a los dos adultos sin comprender lo que sucedía.
Percibían la tensión, aunque no lograran captar del todo el significado de las palabras.
—¿Entonces qué se suponía que era todo esto? —preguntó la madre, con la voz temblorosa.
La mujer dio un paso al frente y colocó el archivo sobre la superficie vacía que tenían al lado.
“Estaba planeado”, dijo ella.
La conmoción la invadió de inmediato, seguida de una oleada de ira que le resultaba imposible de controlar.
—¿Hablas en serio? —gritó—. ¿Entiendes por lo que he pasado estos últimos tres días tratando de sobrevivir con mis hijos?